Trapicheos en la Segunda Avenida“: una historia de coraje, solidaridad y lealtad en el inicio de la lucha contra una enfermedad tan desconocida como letal por aquel entonces: el sida.
Mientras el mundo entero (instituciones y ciudadanos de a pie) da la espalda -incluso repudia- al colectivo gay cuando se ve azotado por una terrible enfermedad como el sida, un grupo de amigos decide coger el toro por los cuernos. Buscan formas -cuanto menos originales- de ayudarse unos a otros, incluso rebasando los límites de la legalidad. Cuando la vida de un ser humano está en juego no hay que andarse con miramientos ni remilgos.
Esta es la historia de un grupo de amigos concreto, pero es también la crónica de toda una generación que tuvo que enfrentarse, sin apenas conocimientos ni medios, a una enfermedad hasta el momento desconocida y devastadora. Es una historia que, si bien conocemos en cierta medida, no está de más ahondar en ella: solo conociendo los hechos concretos, solo poniéndonos en la piel de quienes vivieron (y quienes viven) algo tan injusto y duro, podremos tomar conciencia de la realidad en toda su dimensión.
La novela te deja con la sensibilidad a flor de piel, puedes sentir en tus carnes la desesperación y frustración que pudieron sentir quienes protagonizaron esta historia, pero también esa esperanza a la que, por suerte, muchos seres humanos se aferran cuando vienen torcidas. Esa esperanza que infunde el coraje y la valentía para luchar incluso cuando parece que la batalla está perdida.